Amargord Ediciones

PAÍS IMAGINARIO, escrituras y transtextos, poesía en América Latina 1960-1979

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Estamos de enhorabuena: esta antología no perpetúa los obsoletos métodos de selección que el academicismo rancio se ha empeñado en imponer. Tampoco encontraremos aquí una división por generaciones, entendiendo por generación un concepto inventado para la comodidad de críticos y editores -porque cabría preguntarse si realmente existió tal cosa o se trata de una criatura mítica. El panorama poético actual se caracteriza por la heterogeneidad y la ruptura, e igual parece devenir esta tendencia en ambos lados del Atlántico. Este libro da cuenta de ello y nos sitúa, para nuestro disfrute, en unas coordenadas inventadas que se corresponden con muchos lugares de América y con ninguno. Sus valedores, Mario Arteca, Benito del Pliego y Maurizio Medo, así lo han querido, conscientes de que lo latinoamericano no se puede circunscribir a un solo idioma o a un conjunto de países. Si bien los poetas latinoamericanos contemporáneos han sido permeables a una serie de influjos que aquí nos son prácticamente desconocidos (y viceversa), esta selección de autores nos descubre que en la actualidad son más las confluencias que las diferencias y plantea que el diálogo es posible entre ambos continentes. De hecho ya deja patentes algunas comunicaciones: hay en estas páginas poetas que nacieron en Europa y migraron a América; otros que heredaron ciertas lenguas, ciertos referentes culturales de aquí y de allí; otros que por azar acabaron en España; en este libro encontraremos versos en italiano, en guaraní, en hebreo, en portuñol… Y no por habitar otros lugares dejan estos textos –transtextos– de habitar América Latina, porque las fronteras son difusas y osmóticas, por mucho que nos repitan lo contrario.

El prólogo a esta edición no solo es una declaración de intenciones, sino una interpretación aguda y esclarecedora del contexto literario que se nos ofrece, de los precedentes y rasgos que acompañan e instigan a estos poetas vivos y activos. Es evidente que las dicotomías, los duelos entre pares, han regido la Historia del Arte; la poesía no se libra de ello. En este lado nos sonarán las segregaciones literarias entre culturalismo o conceptismo, Los Novísimos o la poesía de la experiencia, la poesía del silencio o la poesía de la conciencia, etc. Viejas disputas que no son ni fueron encarnizadas, corrientes que han encontrado siempre puentes de conexión y  se hace obvio que muchos autores se quedaron sin etiqueta o no la quisieron. En Latinoamérica y del mismo modo impreciso, el neobarroco surge como alternativa al coloquialismo a partir de los años 60, pero los poetas aquí reunidos son posteriores a estas disquisiciones. Se presentan en dos grupos por razones de contextualización histórica: los nacidos en la década de los sesenta publicaron sus primeros textos en un momento de crisis sociopolítica profunda y generalizada; los nacidos en los setenta se toparon de pronto con la globalización, el aumento exponencial de las nuevas tecnologías y el auge del neoliberalismo;  Desde momentos y entornos distintos pero altamente desestabilizadores, han sabido nutrirse de las propuestas anteriores, desmontarlas, yuxtaponerlas, desacralizarlas, reestructurarlas y contaminarlas para crear nuevos lenguajes; 44 autores en construcción, en producción, cada uno con su impronta personal. Gracias a la diversidad de estilos e influencias, hallamos poemas visceralmente acumulativos junto a otros depurados hasta la médula. Podríamos extraer no obstante a vuela pluma algunos motores comunes: la fragmentación del verso; la ruptura del discurso; el adiós a la metáfora y el uso de la metonimia; la exploración de los límites comunicativos y expresivos del lenguaje; la alteración de los elementos sintácticos; la polifonía de voces; la experimentación con el proceso escritural; el borrado del autor; mezcla de registros, de géneros, e incluso de idiomas; búsqueda y por tanto pérdida de la identidad.

Quizá nos sean familiares estas preocupaciones del nuevo autor “experimental” en América Latina; parece evidente que existe una apuesta paralela por lo fragmentario en España, y la relación transdisciplinar de la poesía con otros medios artísticos como la performance, la pintura, el sonido, lo digital, etc., parece concurrir en ambos territorios. Pero no nos faltará también un sentimiento de extrañeza -tal y como se señala en su brillante introducción-, cuando nos sorprendan con otros usos del español, con la cohabitación o hibridación con otras lenguas, con referentes que nos resultan lejanos y a la vez universales.

Los editores -esperemos sienten precedente- se ponen del lado de los autores: esta es la nueva poesía marginal y sus creadores desarrollan su obra ajenos a convenciones y beneplácitos; de la misma manera, País imaginario no necesita el visto bueno de ninguna academia ni la aprobación de ninguna institución. Es esta una muestra inacabada, nómada, horizontal, con vocación de diálogo. Una mirada estroboscópica y estrábica al presente poético, con un ojo virado hacia el futuro.

                                                               Giménez con G.

 

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